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miércoles 3 de septiembre de 2008

El primer Príncipe (1era Parte)

Capítulo 22
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Berna, Suiza, 12 de diciembre de 1979

Edith era una mujer suiza, delgada, de ojos grises y bastante alta. Había salido de compras como todos los miércoles por la mañana con la intención de alimentar a sus 5 hijos y a su marido. En este entonces, caminar le costaba un poco más que de costumbre, debido a que desde hace 8 meses su cuerpo había comenzado a aumentar de peso: estaba embarazada. Fue al parar en el puesto de frutas cuando algo extraño comenzó a sentir.

Edith
- ¿Has oído eso?

Vendedor
-¿Qué? ¿En donde? No escuché nada.

Edith
-No sé, me pareció como el sonido del mar, pero mas agitado…

Vendedor
-¿Mar? Estamos un poquito lejos del mar señora…

Edith
-¡Ahí está! ¡Es cada vez mas fuerte! ¿No oye nada?

Vendedor
-Lo siento señora, ¿va a comprar algo?

Además de ese extraño sonido a mar, Edith comenzó a escuchar una fuerte ventisca, a la que luego se le añadieron fuertísimos golpes, luego una especie de tambores, y por ultimo, gritos. Fue “por último” porque cuando los sonidos humanos se añadieron a los otros ruidos Edith cayo desplomada en el suelo y sin reaccionar.

El vendedor solicitaba ayuda mientras la gente que estaba alrededor sólo miraba. Luego de un rato, una mujer de ojos verdes muy fuertes y rasgos egipcios acude en ayuda de la mujer embarazada, aparta al vendedor, cargó a Edith a uno de sus hombros y se la llevó consigo.

8 horas más tarde…

Edith abre los ojos lentamente, de a poco va reconociendo el espacio y sus alrededores. Sus oídos ya funcionaban, pero se asociaron a su cerebro unos segundos más tarde que sus ojos cuando pudo oír a su marido llamarla con suavidad.

Esposo
- Hola, felicidades mamá, por sexta vez. Quien iba a decirlo, ¿no?.

La mirada de Edith no terminaba de ser feliz, parecía que todo el estruendo de sonidos extraños que la torturó los minutos previos a su desmayo le había dejado huellas.

Edith
- Otra vez, vuelven, no dejan de volver, no dejan de molestarme.

Esposo
- ¿Esos ruidos? Te dije miles de veces que vallas al medico.

Edith
- Pero no lo entiendes, esta vez fueron muchísimos, creo que me dejaron inconsciente. Y me asusta que hayan empezado poco antes de enterarme del embarazo. El médico dice que el bebe nació antes de lo que creían. ¿Cómo llegue al hospital? Lo último que recuerdo es el ruido, estaba en el mercadillo.

Esposo
-Tranquilízate, todavía estas débil. Al parecer una mujer te trajo. No dejo su nombre ni nada, dicen aquí en el hospital que te dejo y se fue.

Edith
-Quiero ver a nuestro hijo, tráemelo por favor, quiero saber que esta bien.

Esposo
-Está en observaciones. No te preocupes, esta bien, solo están estudiando algunas cosas que sucedieron durante el parto, pero me aseguraron que el niño esta 100% sano. Además, en unos minutos vendrán a buscarte porque también quieren hacerte estudios por lo mismo.

Edith
-¿Que pasó durante el parto?

Esposo
- Algo que los médicos no saben explicarme. ¿No recuerdas nada? Cuando pujabas, el momento del parto, ¿nada?

Edith
- No puedo recordar nada, es como si hubiese estado dormida.

Esposo
- Mucho no quisieron decirme, porque ellos tampoco lo saben, yo estaba aquí durante el parto así que mucho no me pueden ocultar tampoco. Hubo unos minutos en que dejaste de gritar, te dormiste y yo me asuste, porque los médicos se miraron unos a los otros como si no tuvieran idea de lo que había ocurrido. Me miraron y me pidieron que me tranquilice, que estaban haciendo todo bien. ¿Qué pasa? Les pregunté y, ¿sabes que me respondieron? Todavía me da calosfríos.

Edith
-¿Qué te dijeron?

Esposo
-Te lo voy a decir pero prométeme que te quedaras tranquila, te repito que Leian esta perfecto, yo mismo lo vi y lo tuve en brazos.

Edith
-¿Leian? ¿Por qué lo llamas así?

Esposo
- Tu misma me lo pediste durante el parto, me dijiste que tenía que llamarse así, y me gusto el nombre. ¿No recuerdas nada de nada?

Edith
- Es que ni siquiera se de donde lo saqué, no se lo que significa

Esposo
- Yo tampoco, pero una enfermera me dijo que era el nombre del personaje de un libro que ella había leído, algo de el origen de las catástrofes.

Edith
- En la vida escuché hablar de ese libro.

Esposo
- Bueno, se lo podemos cambiar si quieres.

Edith
-No está bien, la verdad me gusta mucho más que todos los nombres que teníamos en mente. No me desvíes, ¿que te dijo el doctor, que pasó durante el parto?

Esposo
(Toma aire, como queriendo evitar que sus palabras expresen el miedo y la incertidumbre que contienen)
- Me dijo que nuestro hijo había desaparecido de tu vientre.

viernes 29 de agosto de 2008

Princesa de la Muerte

Capítulo 21



Ojos cerrados. Respiración en pleno proceso de agitación. El dedo índice de la mano derecha comienza a temblar. 9 dedos más en efecto dominó. Una pierna se dobla. La otra patea. El pecho salta una vez. La boca comienza a abrirse. A la velocidad de la luz, dio la impresión de que cada suspiro exhalado durante los últimos minutos había vuelto a su cuerpo. Imposible calcular la cantidad de aire que introdujo en su cuerpo por su boca en ese segundo. Los ojos se abren, verde la totalidad de la cornea. De repente, stop. La habitación desaparece.

Ojos cerrados.

Nairy, de ocho años, pasaba una de sus primeras noches en el orfanato. Había reposado la cabeza diez minutos antes de este suceso, previo a ver una luz azul debajo de su almohada. Soñaba que un joven se le acercaba y antes de poder verlo, recibía un golpe en la cabeza que la devolvía al territorio de los despiertos. Lo anteriormente descrito era lo que había ocurrido fuera del mundo de sus sueños. La siguiente descripción explicará lo que pasó a su alrededor luego del golpe, pero antes de despertarse.

Respiración en pleno proceso de agitación.

Empezando a dispersarse desde el cuerpo de la niña, el escenario empezó a cambiar de forma. En unos segundos dejo de estar en la habitación para aparecer de pie en medio de una ciudad, frente a un edificio de unas 130 plantas. Todo transcurría con normalidad, podía ver gente con sus maletas, chaquetas, mochilas de colegio, moverse de un lado a otro como si nada diferente estuviera ocurriendo. Por suerte o desgracia, depende desde donde se lo quiera mirar, ninguna de esas personas era dueña de un par de ojos como los de Nairy. Son independientes de su cuerpo, pueden viajar por el mundo, ver escenarios inalcanzables a otros ojos. Pero esta aparente habilidad asombrosa y hermosa, cuyo fin pretende ser salvador, comenzaba desde ese momento a ser la peor pesadilla con la que una persona de 8, 20, 50 o 90 años podría convivir.

El dedo índice de la mano derecha comienza a temblar. 9 dedos más en efecto dominó. Una pierna se dobla. La otra patea.

Su viaje ocular por sus alrededores tomo una velocidad solar y se introdujo dentro del edificio que vio al principio, mas específicamente piso 87. Alrededor de unas 30 personas pasaban un día de trabajo sin alteraciones. Secretarias sacaban fotocopias, teleoperadores conversaban con clientes y gerentes leían proyectos en sus oficinas. Luego de mirar un rato, sus oídos se incorporaron al escenario y a sus espaldas escucho una acalorada discusión entre un hombre bajo, con bastante sobrepeso y calvo con otro alto, canoso y bastante elegante. Hablaban en hebreo. De fondo se encontraba el ascensor y de el salio algo más que un extraño hombre de apariencia árabe. Salio un terrorista suicida. En su cuerpo cargaba una enorme cantidad de explosivos y antes de detonarlos, pronuncio unas palabras llenas de ideologías religiosas, con una mirada repleta de seguridad y muerte.

El pecho salta una vez. La boca comienza a abrirse. A la velocidad de la luz, dio la impresión de que cada suspiro exhalado durante los últimos minutos había vuelto a su cuerpo. Imposible calcular la cantidad de aire que introdujo en su cuerpo por su boca en ese segundo.

El ruido de la explosión fue, para Nairy, una brisa comparada con los gritos de desesperación. Durante los segundos que tardo el edificio en reducir su tamaño a la cuarta parte la niña podía ver trozos enormes de cemento caer encima de personas, gente prenderse fuego, otros buscando saltar del edificio con la intención de morir de otra manera. Gritos desesperados de dolor, algunos solo fuertes rugidos, otros llamados desesperados a algún ser querido, e incluso suplicas al cielo. Lo que solo esos corazones podían sentir, sumado a lo que los de sus seres queridos sentirían al enterarse, fue todo lo que en esos segundos se introdujo por sus ojos.

Los ojos se abren, la totalidad de su cornea brilla en verde. De repente, stop. La habitación desaparece. Nairy despierta, y vuelve al mundo de los despiertos.

Con la misma velocidad en que había visualizado esta tragedia, Nairy pudo ver rápidos flashes de las familias de esas víctimas enterándose del terrible final de su ser querido. Ese día el destino la había sentenciado. Ese día, nacía la Princesa de la Muerte.

lunes 18 de agosto de 2008

La hija prodigio del cielo

Capítulo 20


- ¿Qué significa ser un Dios, o una Diosa? Los “mortales” suelen adorar imágenes mentales creadas por un pasado que no conocieron, sienten la necesidad de creer en algo. Hoy, nuestro pueblo tiene muchas imágenes en su cabeza. Adoran muchos Dioses. No hacen más que preguntar el sentido de sus vidas, y se lo preguntan a sus dioses. Pero, ¿conocen los dioses siquiera el sentido de sus propios destinos? Gente realmente grande muere. Personas que realizan hechos de una magnitud e importancia enorme es admirada por ello, pero al final, la respuesta siempre la tienen que tener los Dioses. Pero ellos también tienen su momento previo.

Mientras esta mujer de unos 40 años hablaba, podía ver por la ventana a todo su pueblo entristecido por la muerte de su rey. Sus ojos, de un verde con una luminosidad asombrosa, se habían oscurecido hasta rozar el grisáceo. Estaba parada, firme de la cintura para arriba, pero sus piernas temblaban como si no aguantaran el peso de su corazón. Aunque su cuerpo estaba ahí, el resto de su ser se multiplicaba buscando una solución. Ella no quería respuestas, quería “la” solución. El hecho que desencadeno la muerte de su marido y hermano le regalo un destino que conocía, pero no entendía: había terminado de transformarse en Diosa.

Días antes

Hermano del Rey
- ¡Bienvenido, hermano! He organizado esta fiesta para darte la bienvenida después de tu largo viaje. ¡Escucharme todos! Quiero hacer una propuesta a todos los invitados. He mandado a fabricar este cofre de Oro para mi colección, pero quiero aprovechar la ocasión para obsequiarlo. La propuesta es la siguiente: aquel que entre perfectamente dentro de el, de pies a cabeza y sin un centímetro de sobra, se quedara con el.

Los invitados, fervorosos, fueron pasando pero no hubo suerte. El último fue el Rey recién llegado, aclamado por la adoracion de su pueblo por sus numerosos actos dignos de un gobernante justo y pacificador.

- Tu turno, hermano.

Con una sonrisa de diversión el Monarca se introdujo dentro del cofre y para asombro de todo el alrededor, este entro sin milímetros de sobra. “Que raro, el Rey gana” murmuraban algunos. Los aplausos comenzaron a ensordecer el ambiente. La Reina permanecía sentada en su trono, disfrutando a lo lejos de la fiesta. Una fiesta que de un segundo a otro se transformo en desastre. Los susurros que decían amaños a favor del rey pasaron a ser ojos acusadores hacia su hermano. Algunos comenzaron a dudar negativamente de la casualidad. Y no erraron. Alrededor de unos 70 hombres corrieron hacia el cofre, lo cerraron con 5 candados y lo cargaron en sus espaldas.


Reina
-¿Qué pasa? ¿Que estáis haciendo? ¡Soltadle ya!

Hermano
-¡Al río! ¡Tirarlo al río!

Reina
-¡¿Qué hacéis?! ¡Es el Rey! ¡Es tu Rey!

Los hombres siguieron la orden y el monarca se perdió con la corriente. Kilómetros mas adelante, otros hombres esperaban con el objetivo de robar el cuerpo. Una vez cumplido, quitaron el cadáver asfixiado y aguardaron la orden del nuevo Rey.

- Ya saben lo que tienen que hacer.

Comenzaron a castigar el cuerpo hasta dejarlo dividido en 14 partes. Cada trozo fue llevado por un hombre a kilómetros de distancia y lo enterraron para así, lo que quede del antiguo rey quedara esparcido por todo el reino.

La flamante viuda junto con su otra hermana, quienes desconocian el macabro final, pasaron días buscándolo hasta que se encontraron con el primer pedazo: su cabeza. Con ayuda del pueblo encontraron las otras 13 partes y las devolvieron a su hogar.

Finalizando su mirada en un grupo de niños, la Reina abandonó la ventana de su habitación. La cerró, y se arrodillo frente a la cama, donde la caja que contenía las partes de su marido yacía.

- Los Dioses no son fantasmas, no son espectros sobrenaturales, no son un ente, no viven en el cielo, son del cielo. Un Dios no es un creador, es un guía. Un Dios nace de un corazón que debajo del derrumbe provocado por el dolor mas intenso, el horror mas trágico o la desolación interminable descubre la mayor maravilla de la vida: el amor, y que con ese descubrimiento dibuja un paraíso para su pueblo.

Mientras la reina terminaba su profunda reflexión, magia invadió la habitación como si una mezcla de las palabras que salían de su mente, la profundidad que se hundía en su voz y el amor que humeaba su piel hubieran dado a luz algo. Sus ojos iluminaron de verde todo su alrededor, su cuerpo abandono la superficie y el recinto comenzó a derrumbarse introduciéndose por su nariz como si lo estuviese aspirando. Los pedazos de su marido levitaron y comenzaron a unirse, regenerándolo por completo, el Rey volvió asombrosamente a la vida. La euforia del reencuentro culmino en pasión y meses mas tarde, en un varón.

Sirvienta
- Felicidades, ha nacido un gran Rey. Mas que un Rey, un Dios.

Reyna
- Los dioses suelen verse como algo sobrenatural, pero nacen de lo mas natural. Nacen del Infortunio. Y del Infortunio, nacerán los príncipes.

sábado 9 de agosto de 2008

Lo opuesto a morir (2da parte)

Capítulo 19


CNN, Programa especial de último momento.


Buenas noches, Mundo. Emitimos en directo para todo el planeta desde Ginebra, Suiza en la que desde hoy es la principal sede de la Organización de las Naciones Unidas, en cadena abierta, un programa especial sobre los recientes hechos hasta hoy inexplicables. Mientras yo solo actuare de presentadora, la palabra la tomarán los aquí presentes.

Dos semanas han pasado desde la horrible y misteriosa desaparición de los territorios de Japón, Australia y Nueva Zelanda y la ciencia aún no ha avanzado en lo más mínimo. 2 días han pasado desde que un pueblo húngaro asegurara haber visto aparecerse a una joven frente a sus ojos justo después de un terremoto y que la cámara de un móvil lo registrara. Es por eso que la ONU, 18 horas después de que Los Estados Unidos de Norteamérica siguiera los pasos de los tres estados anteriormente nombrados, decidió reunir a los principales expertos mundiales en Mitos y Leyendas con un solo objetivo: Descifrar la desconocida por casi todos leyenda de “Los Príncipes del Infortunio”. Toma la palabra Djimon Corle, experto en Mitos nacido en Sudáfrica hace 47 años.

Djimon Corle
-Buenas noches. Hablaré en nombre de todos mis colegas, y lo primero que queremos decirle al mundo es que mantengan la calma. Una de las principales bases de nuestro trabajo es descubrir historias que la ciencia jamás pudo explicar ni validar, y el hecho de que jamás hayamos prestado atención a lo que todos ustedes llaman “Príncipes del Infortunio” es uno solo: esa leyenda existe incluso antes de Cristo y todo aquel que la contaba siempre lo hizo en tono de broma, principalmente, se decía que dos tres jóvenes nacidos de la relación sexual entre dos hermanos tendrían un hijo sembrado en una orgía entre los tres. Diremos que todas esas han sido siempre mentiras, pero que aparentemente surgen de una oculta leyenda existente.

Hemos descubierto tres libros totalmente incoherentes, incluso con autores falsos. “El origen de las catástrofes”, supuestamente escrito por Newton. He de aclarar que lo hemos estudiado con mucha delicadeza y hay pruebas estrictas que demuestran que Newton jamás escribió ese libro. Luego descubrimos otro llamado “Los dos destinos de la Princesa Majo”. Vamos a empezar por aquí, porque este libro es el que podría darle a esta historia cierta validez:

Luego de realizarle estudios al papel, se ha determinado que este libro lleva siglos escrito, incluso podría datar de los primeros tiempos de la escritura. Está en egipcio y como su nombre lo dice, habla de una Princesa llamada “Majo”. Sin apodos, ni disminutivos, Majo es su nombre. Según dice el libro, su nacimiento tendrá múltiples etapas, mezclará sangre de todos los colores y culminará en la plenitud de la belleza de una mujer. Viajará dentro de ella un alma que huyó de la malaria humana y que su fin será la limpieza.

¿Por qué podría ser verídico? El libro detalla con una claridad sorprendente cada una de las catástrofes que ha vivido el planeta en los últimos 23 años. Va contando la historia de Majo involucrándola dentro cada uno de los tsunamis, huracanes, maremotos e incluso guerras.

Según algunos historiadores, este libro fue robado a los españoles durante la ocupación de América, pero todo indica que no son ellos sus dueños. No sabemos por qué querría ocultarlo, nunca publicarlo, pero todos nosotros hemos coincidido en una cosa: este libro tiene todas las características de haber sido escrito por Nostradamus.

Mar del plata, Argentina


Abuela
(al ver entrar a su nieta, apaga el televisor)
-¡Majo hermosa! Justo estaba pensando en vos.

Majo
-¿Ah si? Yo llevo pensando en vos varias horas. Volvió a pasarme abuela. Volví a tener esos ataques, pero esta vez paso algo raro. Juro haber visto a un chico tratando de ayudarme, pero me hablaba en inglés.

Abuela
-Majo, dedique toda mi vida a vos. No me arrepiento en lo absoluto, creo haber averiguado todo lo que tengo que saber, y te voy a decir una cosa: jamás ocultes esa sonrisa. No prives al mundo del efecto de tus labios. Un beso tuyo vale mas de lo que creés. Tenés olor a paraíso.

Majo
-¡Ay abuela! ¡Parece que te gusto!

Abuela
-¡Me encantás! Sos la razón de mi vida. Ahora que llego la hora, voy a decirte algo sobre tus ataques. ¿te acordás algo de ellos?

Majo
-Nada abuela, solo lo que te acabo de contar. Nunca fui conciente durante ninguno de ellos, pero esta vez lo vi, vi a ese chico, y sentía como si tuviese miles de personas adentro mío.

Abuela
-¿Nunca te preguntaste por qué los médicos no descubren cual es tu problema?

Majo
- Todo el tiempo

Abuela
- ¿Nunca te preguntaste por qué nunca dejamos que te internen?

Majo
- Un par de veces, pero nunca me animé a preguntar nada.

Abuela
-¿Sabes lo que es la empatía?

Majo
-Mas o menos, es como cuando alguien absorbe lo que le pasa a los demás

Abuela
- Algo así. Bueno, eso es lo único que los médicos atinaron a estudiarte, pero nunca encontraron verdaderas señales.

Majo pareció comprender en un segundo todo lo que su abuela le estaba diciendo. Toda su vida, desde su día de nacimiento hasta hoy, había recibido “ataques” como el que había sufrido recientemente. Lo que no sabía ni podía comprender, es de qué manera su “enfermedad” se relaciona con el resto del mundo.

Abuela
-Pero los médicos no tienen ni un poco de noción de quien eres.

Majo
-¿Quien soy?

Abuela
-Sos parte del origen hija. Una versión moderna y actualizada de la caja de Pandora.

Majo sonrió con naturalidad, felicidad, placer, convicción y esperanza, pero también con ansiedad. Kilómetros más arriba del planeta, Nairy despertaba con una mirada que expandía las mismas características. En un lugar desconocido, Leian sujetaba con sus brazos el cuerpo del herido joven que lo había secuestrado con una fuerza de iguales dimensiones.


Joven
- Leian, corre, no intentes salvarme, tienes que huir. Los hombres de Javier estarán al caer.

Leian
- ¿No se supone que soy un príncipe? Un príncipe no abandona a nadie. Además, te necesito. Tienes que explicarme todo sobre aquellos sueños. Ambos sabemos que por mas apariencia fantasiosa que hayan tenido algo oscuro hay detrás de ellos.

Joven
- Nunca te separes de Nairy, Leian, ella es la llave. Toda mi vida he sido educado para no creer en ustedes, pero ese anciano que has visto pegarse un disparo, en ese mismo segundo borro todas mis creencias anteriores. Supongo que a el le paso algo parecido, al ver la noticia de Nairy apareciendo, y ver ese video. El estaba enamorado de tu directora, ¿sabías? Jamás le hubiese hecho daño. Fueron sus hombres quienes la mataron.

Leian
-¿Pero por qué? Tu amigo me dijo que ella quería matarme, eso no puede ser real.

Joven
-Y no lo es. Ella te estaba protegiendo, Leian. ¿Nunca te preguntaste por qué seguían escapando del terremoto, como si fuese alguien que los estaba siguiendo? Porque después de todo, de lo único que deberían escapar es del temblor. El temblor había terminado y aún así seguían escondidos, armando carpas en bosques alejados.

Leian
- Llevo toda mi vida preguntándomelo. Llevo toda mi vida averiguando sobre mí. Ese libro, el de Newton, no hace más que detallar situaciones en las que yo aparecería en muchos lugares del planeta. Toda mi vida me pasó, llevo escapando de terremotos, huracanes, tsunamis toda mi existencia, he llegado a pensar que soy yo tengo la culpa de todos ellos.

Joven
-Tal vez no te equivoques.



domingo 3 de agosto de 2008

Lo opuesto a morir

Capítulo 18


Ya habían pasado 3 horas desde que Nairy tuvo aquella reveladora conversación con ese “ángel”, el aparente fantasma de su antigua compañera de cuarto en el orfanato... Desde ese momento, solo una frase revoloteo por su cabeza. La voz de Pir le repetía una y otra vez “17 de mayo de 1981”, la fecha en la que dice haber nacido. También, su propia fecha de nacimiento. Llegado un momento, cuando parecía que su cabeza iba a reventar y la frase la sacudía cada vez con más velocidad, un recuerdo alteró su presente, uno que nunca había vuelto a su memoria desde que era niña y su mundo era perfecto.

Maryland, EE.UU, 1988

Nairy, su abuela y su hermano habían ido a la plaza, como todos los sábados. Mientras la anciana Leía a Hemminway, su autor preferido, los niños revoloteaban y corrían de un lado a otro. Estaba tan concentrada que por un momento sus dos nietos abandonaron la plaza y esta ni se percató. Pero una voz gruesa, conocida por sus oídos, la trajo de vuelta al entorno. Un grito a unos cuantos metros de distancia a su derecha aclamaba su atención.

-Margaret!

Era un hombre de unos 60 y tantos años, blanco y calvo. Su altura debía doblar la de la anciana y su anchura quizás la triplicara.

Anciana
-Cuanto tiempo hacía que no me llamaban por mi nombre. Mama, abuela, suegra, llevo años siendo solo la familia de alguien. No imaginé que vendrías tan pronto, Javier.

Javier
-Sabes que llego la hora, el mundo lo necesita.

Anciana
-Se que te lo prometí, pero no puedo hacerle esto a mi hija. Se supone que te de a su hijo. ¿Qué clase de madre se supone que soy? Creo en ti, en todo lo que me dijiste sobre esa gente loca, pero creo que podemos protegerlo nosotros. No te voy a entregar a David.

Mientras esta conversación se producía, ambos niños estaban escondidos detrás de un árbol escuchándola, asustados. No les gustaba la cara con la que el hombre miraba a su abuela. Nairy solía cerrar los ojos con mucha fuerza cuando tenía miedo, cuando sentía algo malo. Pero en esa ocasión no lo hizo, prefirió mirar con atención todo lo que le pasaba a su abuela. Tal era la atención, que su hermano le pedía volver a jugar y ella ni siquiera lo escuchaba.

Javier
(exponiendo con su sonrisa lo que decían sus ojos, pareció dirigir la mirada de la mujer con sus palabras)
-Demasiado tarde.

La anciana no intento nada. Cerro los ojos con indignación y le dio una fuerte cachetada a Javier.

-Nairy, ven conmigo, vamos para casa.

Javier
-¿Quien es ella?

Anciana
-La hija de mi vecina. Adios, espero te valla bien, y por favor devuélvelo pronto. Y por cierto, más te vale que todo lo que dices sea cierto porque sino, te juro que el cielo se caerá encima de tu cabeza.

La niña estaba prácticamente hipnotizada, no estaba en el mundo, ni siquiera pestañeaba. No podía soltar sus ojos de los de aquel hombre, pero el fuerte sacudón de su abuela la despertó.

Nairy
-¿Qué pasa abuela? ¡Nos dejamos a David! Tenemos que volver por el.

Anciana
-Corre, rápido por favor no me sueltes la mano.

La velocidad que podía alcanzar la mujer apenas si era paso lento para Nairy, pero se quedo callada y siguió.

Ese instante del recuerdo fue un shock para la Nairy actual. No por recordar a su abuela, ni a su hermano desaparecido ni por lo maléfico de la mirada de Javier, sino por la persona que vio conduciendo un coche mientras huía. En aquel momento, aquel hombre le llamo la atención por la mirada fría y por los gritos que iba dando a todo aquel que se le cruzaba en su andar. Por eso lo había olvidado, no era nada del otro mundo. No lo era aquel día. Hoy, era el recuerdo más aterrador de su vida. El hombre era el mismo anciano que, previo a darle la “bienvenida” a la princesa, la arrojo de una de las ventanas del orfanato para comprobar sus ideas. El mismo portero que minutos más tarde se suicidaría.

Pir
-Quizás debas dejar de preguntarte cosas, y de una buena vez empezar a moverte.

Nairy
-Volviste, siempre vuelves en los momentos más oportunos.

Pir
-Nunca me fui Nairy, no olvides que no existo.

Nairy
-Ya, claro, no existes. ¿Que se supone que debo hacer? No se que es lo que pasa. Ayer era una chica solitaria que no salía de su casa y no hablaba con nadie. Hoy hablo con fantasmas, aparezco frente a la gente y vuelvo a desaparecer. Se supone que vivo en Estados Unidos, y al ver las noticias me encuentro con que mi aparición fue en una ciudad que ni siquiera conozco, en Hungría. La misma tele dice que están pasando cosas en el mundo, que desaparecieron tres países completos y nadie sabe donde están. ¿Que voy a hacer si lo único que creo ahora es que he perdido la cabe…?

-Nairy, ¿con quien hablas?

Inesperada la visita que acababa de recibir. No lo veía desde el terremoto.

Nairy
-¿Usted no es el hombre ese que me trajo a este departamento?

Hombre
-Veo que vas recuperando la memoria, realmente sorprendente. ¿Últimamente parece que la estas recuperando no?

Nairy
-¿Como?

Hombre
- Sabemos que recibiste una visita, un joven que estuvo en el instituto. Creíamos que tu y el otro niño habíais sido los únicos sobrevivientes.

Nairy
-Yo también lo creía, pero últimamente me estoy llevando muchas sorpresas.

Hombre
-Ya. Dime una cosa, Nairy, ¿no sientes nada?

Nairy
-¿Nada de que?

Hombre
-No se, quizás deberías mirar por la ventana.

Nairy miró por la ventana. No había nada. Cuando se quiso dar vuelta, tenía un pañuelo mojado en cloroformo apretando su nariz. Antes de que el medicamento le cierre sus ventanas al mundo, pudo ver cerca del horizonte, entre dos edificios, una especie de remolino que se iba haciendo cada vez más grande. No vio más que eso.

Minutos mas tarde…

Leian se dirigía hacia la puerta, la abría y encontraba frente a sus ojos el escenario más desgarrador que su desgarradora vida había presenciado.

Mar del Plata, Argentina.

-Majo, Majo contestáme, ¿que te pasa? ¡Majo respondéme!

Su padre no podía ver lo que realmente le estaba sucediendo. Lo que le aterraba, además de su ausencia mental, era la terrible irritación de sus ojos y esa escalofriante forma en que su respiración se aceleraba. La verdadera situación era muy diferente. La nariz de Majo parecía estar succionando como si fuese una aspiradora todo su alrededor. Su forma física era irreconocible: su piel era blanca pura y sus ojos de un brillante verde. Segundos después, todo terminó.

En los brazos de su padre, Majo dejó de respirar. Una ciudad entera era absorbida por un huracán frente a la impotente mirada de Leian. Nairy dormía en su departamento. Pir tiraba por la ventana el cuerpo del hombre que la atacó. Cuando todo terminó, Leian llevo su mirada al suelo que ya no existía. Se encontraba levitando sobre el mar. Miró a su alrededor y encontró una respuesta detrás suyo. Recostada de la misma forma en que su padre la vio por última vez, Majo absorbía la última gota de aire del lugar.

Leian
-Hola, ¿me escuchas? ¿Cómo es tu nombre? ¿Hola? Yo soy Leian.

Majo apenas si abrió los ojos y lo miro. Acto seguido desapareció de la vista de Leian y le regalo a su padre un nuevo nacimiento.

Padre
-¡Hija! ¡Estás viva! ¡Gracias al cielo!

Majo
(recuperando rápidamente la respiración)
-Isis…

Padre
-¿Qué decís? No te entiendo. Da igual, te creía muerta, no respirabas, que susto me diste Majo, no podía perderte a vos también.

Majo
-Papa, tengo que ver a la abuela, ya.

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